
Restaurar verdaderamente un mueble es un trabajo minucioso, que debe hacerse extremando los cuidados para no perjudicar la esencia del objeto, su estilo, su verdadero valor intrínseco. En principio debe tenerse en cuenta si el mueble en sí reúne los requisitos que ameriten hacer una restauración. Un mueble antiguo, que no es lo mismo que un mueble "viejo", tiene un valor que podríamos describir como el conjunto de características de diseño, materiales, método de construcción, y años de existencia que sumados den como resultado una pieza interesante para ser conservada. Es imprescindible evaluar acertadamente las condiciones de la pieza para definir si la restauración es viable. No se trata de gastar más dinero en restaurar un mueble que no tiene realmente un valor que justifique la inversión.
Una vez determinado este aspecto, se realizará un examen exhaustivo del mueble, estado de la madera, golpes, rayas, piezas o trozos faltantes, armado, detalles de terminación, torneados, tallas, tapicería, lustre, etc.
Para proceder a la restauración, si el mueble está combinado con tapicería, por ejemplo, sillas, o sillones, se deberá retirar toda esta parte compuesta por telas y rellenos, y también los herrajes, para dejar el esqueleto propiamente dicho, y abocarse a la tarea de limpiarlo.
Se deberá limpiar la pieza tratando de retirar todo elemento que pueda interactuar con el material de lustre y provoque su desprendimiento una vez realizado el trabajo. Es decir, asegurarse de que la pieza esté suficientemente limpia para que el material a utilizar para el lustre pueda adherirse y resultar duradero.
Una vez realizada esta operación, se verificarán las partes dañadas para proceder a la reparación de todos los huecos, imperfecciones, rayas, como también reforzar uniones, encastres, revisar el funcionamiento de herrajes, etc.
El lustrador experimentado y conocedor de su oficio es quien sabe perfectamente qué materiales utilizar y cómo combinar tintas para encontrar el color exacto que debe reproducir.
Es importante también descartar la presencia de polillas, u otras plagas que suelen atacar a los amoblamientos, especialmente las partes de tapicería, para realizar el tratamiento correspondiente, y evitar que sigan deteriorando la pieza y se propaguen a otros muebles.
Finalmente, una vez determinado el color se procederá al proceso de lustrado que también incluye varias etapas que deben respetarse para que el trabajo resulte duradero y eficaz, y sirva para el realce y puesta en valor del objeto.
En cuanto a la tapicería, también deberá hacerse un estudio del mueble, para determinar el tipo de tela que se utilizará según se quiera conservar el espíritu original, o por el contrario la idea sea darle una impronta renovada, en cuyo caso se elegirán diseños más modernos si se quiere utilizar como mueble único dentro de una decoración con estilos combinados.
El verdadero ebanista conoce las técnicas y tiene la visión que le permite hacer un diagnóstico preciso y sólo así se puede realizar un trabajo que sirva para realzar y reacondicionar un mueble realmente valioso.

